El turismo genera una costosa factura a los ayuntamientos en Cataluña

La mayor parte de los pueblos costeros de Catalunya se convierten los fines de semana y especialmente el verano en auténticas ciudades. La población en numerosos municipios se multiplica por tres y hasta por cinco durante estos meses. Algunos con 20.000 vecinos censados superan los 100.000 durante el mes de agosto. La industria turística, uno de los pilares de la economía catalana y sustento principal de estos municipios, cobra en contrapartida una costosa factura a los ayuntamientos, que tienen que redimensionar todos sus servicios.

“En otros municipios, con el 30 por ciento menos de presupuesto para la policía local o para la limpieza ya es posible proporcionar un buen servicio a sus ciudadanos”, mantiene Jordi Baijet, alcalde de Sitges y responsable de la comisión turística de la Federació de Municipis de Catalunya (FMC). Esta entidad ya hace años que viene reclamando a las administraciones superiores una compensación económica para los municipios turísticos.

La reivindicación de los ayuntamientos se remonta casi veinte años atrás. Algunos tienen que destinar hasta la mitad de su presupuesto a financiar los servicios. No se trata sólo de reforzar la plantilla de la policía local o de incrementar la recogida de basura, instalar más contenedores o limpiar más calles. Multiplicar la población significa también disponer y mantener una red eléctrica y de alcantarillado más amplia, un servicio médico con más personal, disponer de reservas de agua acordes con las puntas de población, mantener en buen estado los cientos de kilómetros de calles de las urbanizaciones o planificar, según las necesidades variables, las frecuencias del transporte público. La situación financiera de estos ayuntamientos es más que delicada en estos momentos, en un contexto económico de crisis que está obligando a recortar a marchas forzadas los presupuestos municipales. Máxime en las poblaciones turísticas, que durante los años de boom urbanístico han visto crecer las arcas municipales y ahora deben hacer frente a la paralización de obras y, por tanto, de ingresos.

Determinar cómo compensar los gastos que ocasiona el turismo vacacional y de segundas residencias no es fácil. Es distinto un municipio turístico como Salou, donde el grueso de visitantes se aloja en hoteles, que otro como El Vendrell, donde el motor turístico son las segundas residencias y se ha crecido en extensión con una veintena de urbanizaciones repartidas por todo el municipio. No es lo mismo un municipio costero que un pueblo turístico del Pirineo. “Es difícil consensuar una definición de municipio turístico”, añade Baijet.

Hasta el momento se han puesto sobre la mesa varios modelos: “Lo lógico sería que parte del IBI revirtiera en el municipio y que se formulara una compensación que debería determinarse a través de varios indicadores”, argumenta Baijet. Estos indicadores deberían servir para medir las puntas de población que alcanzan estos municipios a través de los residuos generados, el consumo de agua, la ratio de policía, la limpieza o las inversiones para mantener las playas, las estaciones de esquí o los parques naturales, según el caso.

“Si la financiación de todos los municipios ya es problemática por insuficiente, y más en el contexto actual de crisis, la situación de los municipios turísticos es todavía peor”, insiste Baijet. La mayor parte de estos municipios ha registrado un crecimiento urbanístico feroz en los últimos años y en muchas ocasiones sin que haya existido una planificación correcta, que se remonta a finales de la década de los sesenta y que se ha mantenido hasta hace bien poco, con los consiguientes ingresos para el ayuntamiento. Unos ingresos que desde hace unos meses han caído en picado, lo que ha acentuado el problema. “Pero los ingresos urbanísticos no están relacionados con los servicios y los municipios que tienen basada su economía en el aspecto vacacional crean una importante cantidad de puestos de trabajo y contribuyen a dinamizar la economía del país, es eso lo que hay que compensar”, dice Baijet, quien hace hincapié en el peso que el turismo tiene dentro de la economía catalana, por el PIB que comporta y por los puestos de trabajo que proporciona. “Si todos nos beneficiamos de estos aspectos, es lógico que los gastos también sean más compartidos”, añade.

Fuente: La Vanguardia

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