El turismo rural gallego afronta el peor verano de toda su historia

El mes de julio ha comenzado con los establecimientos de turismo rural de Galicia prácticamente sin clientes. No es el dato más preocupante para el sector, acostumbrado a arrancar la temporada en la segunda quincena del mes; lo preocupante es que el nivel de reservas para esa temporada es el más bajo que nunca han conocido. El verano se presenta con la peor de las perspectivas y los hosteleros confían en que los malos augurios se vayan atemperando a lo largo del verano. Es la fórmula emergente: reserva el día anterior o presentación directamente sin reserva. Así viene siendo durante todo el año.

Al margen de las desfavorables condiciones que afectan a toda la economía, el sector está convencido, de forma prácticamente unánime, de que el turismo rural se ha desmadrado en Galicia. El crecimiento de la oferta no ha ido parejo al de la demanda y los empresarios que abrieron esa vía de negocio en los 90 con sólidas ayudas públicas vieron cómo se multiplicaban las plazas y sus esperanzadores niveles de ocupación iban sufriendo un leve pero sostenido descenso.

La queja, sin embargo, contrasta con los datos. Pese a la indiscutible imagen de Galicia como un reducto de tranquilidad verde y amable, un lugar creado para ofrecer lo que supuestamente busca el cliente del turismo rural, la cantidad de establecimientos por habitante o por kilómetro cuadrado es diez veces inferior a la de Asturias. En general, Galicia está a la cola de España en las dos categorías. ¿Está el sector subexplotado? Muy pocos empresarios en Galicia responderían hoy afirmativamente a esa pregunta. Más bien expondrán de forma vehemente sus quejas y sus razones de por qué habría que ajustar a la baja el número de plazas para adaptarlo al de clientes.

Según los últimos datos del INE, el nivel de ocupación de este tipo de establecimientos en Galicia hasta el mes de mayo fue del 12,3%. En fin de semana, el porcentaje fue de menos del 24. Con todo, el vendaval no fue solo para Galicia. Asturias, con el doble de establecimientos, tuvo menos viajeros que Galicia y no llegó a ocupar el 8% de su oferta.

La regla de los 100 días

No pocos empresarios empiezan a opinar abiertamente que la crisis es algo más que una coyuntura económica y que empieza a afectar a la estructura del negocio: «Experimentar a pernoctación rural é algo que xa pasou de moda», opina Luciano Sánchez, presidente de una de las dos principales asociaciones que agrupan al turismo rural gallego. Según un estudio muy difundido entre el sector, la rentabilidad de una casa de turismo rural empieza a partir de los cien días anuales de su ocupación completa. Hasta ahí se cubren gastos, incluidos los financieros. Sin embargo, la inmensa mayoría del medio millar largo que permanece abierto en Galicia, hace años que no alcanza esa proporción. Algunos no la alcanzaron nunca. Han llegado hasta este tenebroso verano ampliando sus recursos a menudo hacia la gastronomía, ofreciendo comidas por encargo, incluso organizando bautizos, con los que van cuadrando el balance.

Fuente: La Voz de Galicia

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